Verdades de la vida en pareja

Sal de casa. deja que la cabeza se enfríe
Sal de casa. deja que la cabeza se enfríe

Porque nadie ha escrito un manual de cómo se hace eso de vivir en pareja, aquí te revelamos una gran verdad acerca de la convivencia.

En la vida en pareja, hay ciertas verdades que no están escritas en ninguna parte pero que pareciera que todo el que tiene varios años construyendo una relación las conoce a la perfección. Cosas como que “los hombres no entienden indirectas” –que de esto hablaremos pronto #BTW-, o “las mujeres nunca están listas a tiempo”, o “la espera porque mi marido haga la compra sin que yo se lo pida es más larga que un día sin pan”. Son realidades contra las que no se pueden debatir. Todo lo contrario, una vez interiorizadas, la convivencia ¡y la vida! se hacen mucho más sencillas y llevaderas.


Un ejemplo de esto es que no es necesario terminar una discusión haciendo las paces, no es necesario encontrar una solución. Si estás comenzando tu relación te puedo escuchar diciendo “¡¿Pero qué dices, mujer?! ¡¿De qué hablas?!” a lo que yo, y un gran número de madres, abuelas y expertas de la psicología te dirán que es cierto. Resulta que sí es posible dejar una riña a medias. Ya no es necesario seguir dando vueltas y vueltas sobre el mismo argumento buscando el “tienes razón, cariño” o el “te entiendo, querida, no lo había visto de esa manera”. No hacen falta. de verdad que no. A veces es hasta más sano dejar la cantaleta para más tarde, cuando la cabeza y el corazón se hayan enfriado un poco y cuando la lógica y el sentido común regresen, porque la bravura tiende a alejarlos.

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No pasa nada. No se va a acabar el mundo, no se va a acabar la relación tampoco, no va a disminuir el cariño, ni la confianza, ni mucho menos el respeto. Todo lo contrario, puede que ausentarte sea un motivo para hacerte respetar y así se dan un chance para evaluar cada uno y por separado los argumentos, dejar que la cabeza se enfríe y encontrar de esta manera la mejor solución posible para ambos. Sin riesgo a que la pasión del momento haga que alguno de los dos diga algo de lo que luego se pueda arrepentir.

Así que deja el drama, mujer. Date un espacio y resuélvelo en la noche, con la almohada. Además te apuesto que pasas todo el día dándole vueltas y refunfuñando sobre el mismo asunto y a tu chico se le olvidó el asunto después de 30 minutos. Sal, date un paseo por el parque, respira aire fresco, tómate un té de manzanilla o de hierba luisa. Para cuando regreses habrás visto la situación desde otro punto de vista, habrás digerido mejor ambos argumentos (el tuyo y el de tu pareja) y seguro que él también.

Eso sí, cuando salgas, olvídate de montar el pollo, cero malcriadeces, ni se te ocurra azotar la puerta, no grites, no insultes, con un “ahora no puedo discutir esto, voy a salir a respirar y luego hablamos” es suficiente. Como una reina, guapa, siempre como una reina.

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